sábado, 26 de octubre de 2013

La inteligencia: ¿De pocos o de todos?

Hablar de inteligencia es hablar de conocimiento, del saber, de mentes brillantes y hasta incluso de libros. La inteligencia, si retrocedemos en la historia, pareciera estar más acentuada en algunas personas que en otras; si hacemos eco de personas como Albert Einstein, Aristóteles o Da Vinci, que impresionaron al mundo por su gran inteligencia, nos daremos cuenta que tal vez sea la inteligencia un privilegio. Y si miramos nuestra experiencia, veremos que a menudo, las personas se clasifican en inteligentes o, como el lenguaje coloquial, brutos. Algunos se creerán muy inteligentes y otros, no tanto. Ahora, ¿qué determina la inteligencia? O para ser inteligentes, ¿se nace o se hace? Si queremos entender el mundo, y las relaciones interpersonales, si queremos llegar a tener una mejor educación, la cual llegue a todos por igual, y tener una mejor sociedad; debemos reflexionar sobre este tema, para saber si el mecanismo de mundo que tenemos se adecua a la inteligencia de unos pocos, o a la de todos.

Partamos del que la inteligencia es la capacidad de relacionar conocimientos que poseemos para resolver una determinada situación, Si aceptamos esto como cierto, decimos que una persona es inteligente cuando utiliza sus habilidades tanto de pensamiento, y de lo aprendido con la vida para resolver problemas diarios. ¿Quién no ha contado el dinero para pagar algo? O ¿quién no ha hablado sobre su música preferida? O ¿sobre el libro que más ha leído? Todas estas actividades denotas inteligencia, porque requiere de conocimientos previos para lograrlas. Según la teoría triarquica de Robert Sternberg nos dice que la inteligencia viene de la habilidad de pensamiento y aprendizaje para resolver problemas académicos y cotidianos. Sternberg postula que la planificación, supervisión y evaluación  son habilidades para dar solución a una tarea, junto con la selección de información relevante. Supongamos que vamos a resolver un problema académico; hacer una exposición, muy común en el proceso educativo. Para darle solución a ese problema,  debemos planificar las estrategias y los puntos a tratar, supervisar día a día la eficiencia de esos puntos y evaluar con nuestro sentido, con opiniones e investigaciones lo que vamos a presentar; siempre rescatando la información relevante.

Aparte de la teoría triarquica, tenemos la teoría de inteligencias múltiples de  Howard Garner: la cual postula que poseemos varias inteligencias, y que por lo tanto los problemas que debamos solucionar, lo haremos dependiendo del tipo de inteligencia. Si miramos nuestra experiencia, podemos saber que existes personas más capaces o inteligentes en unas áreas que en otras. Hay personas muy buenas en lingüística y música, pero muy mala en matemática y lógica. Ahora, según esta teoría, ¿todos poseemos todas estas inteligencias? Si miramos nuestra vida, veremos que somos mejores en algunas cosas que otras, o en varias, pero muy difícilmente en todas. Tendemos a hacer mejor lo que nos gusta. Con lo que nos llevamos bien. Esta teoría, explica mucho. ¿Cuántas veces hemos creído que alguien no es inteligente solo por no hacer bien una operación matemática? O ¿porque redacto mal? Sin duda, tanto la matemática como la escritura deben de ser elementos esenciales de manejos de los seres humanos, pero no son los únicos factores que determinan la inteligencia. Y si nos vamos mas allá, a la teoría de modificabilidad cognitiva de Reuven Feurtein, nos dice que, aunque tengamos una estructura cognitiva determinada por lo que ya sabemos, tenemos la capacidad de cambiar dichas estructuras para ampliar o mejorar nuestras capacidades para la inteligencia.


En resumidas cuentas, la inteligencia es, bien sea una serie de capacidades según Sternberg o de varios tipos según Garner, innata a los seres humanos, es decir que todos poseemos las capacidades y habilidades necesarias para desarrollarla, a menos de que haya una patología que dificulte dicho proceso. Y debemos tener claro que es necesario estimular esa inteligencia. Tenemos que mejorar esas capacidades según Sternberg de planificación, supervisión y evaluación a la hora de solucionar una situación, que a la vez mejoraran nuestra inteligencia. También es necesario saber que poseemos varias inteligencias, y por ende, existen personas mejores en unas áreas que en otras; o ¿acaso a todos nos gusta la matemática? O ¿dibujar? O ¿escribir? Cada uno tiene ciertas inteligencias, y debemos saber cuáles son las nuestras, para poder estimularlas y estimular las que no manejamos muy bien. Debemos tener claro que la inteligencia depende de muchos factores, pero por consiguiente es una habilidad propia de los seres humanos; sabiendo las capacidades de cada personas, no tildaríamos de bruto a nadie, recordando que no somos buenos o inteligentes en todo, porque como bien dijo  Albert Einstein “si juzgas a un pez por su habilidad para trepar un árbol, vivirá toda su vida creyendo que es estúpido

jueves, 17 de octubre de 2013

¿Valores invalorados? Una reflexión para la educación.

Simón Bolívar decía “Un ser sin estudio es un ser incompleto” y ha atreves de los años dicha afirmación cobra valor. No solo por la eterna búsqueda del conocimiento desde los griegos hasta nuestros días, sino, como nos ha demostrado la historia, solo en el conocimiento, en la educación, ha sido posible la convivencia social y el progreso de la humanidad. Es pues la educación, la garantía de estrechar lazos con la sociedad y nosotros mismos para lograr vivir, en plenitud y en buen entendimiento con quienes nos rodean.
No podemos cansarnos en expresar la importancia de la educación, en el ayer, en el hoy, pero sobre todo, en el mañana. La realidad actual y las situaciones del día a día, nos obligan a reflexionar con relación a la educación moderna como comienzo de un individuo; la falta de respeto, de lealtad, de solidaridad, de amor, de sinceridad… muchos valores en la actualidad se encuentran en escases, ¿pero no es la educación la encargada de inculcar estos valores? Pues sí, tanto la educación familiar como la escolar deben vincular los valores a cada persona, y hacer de éstos aquello que nos construyan positivamente.  En una sociedad que valora más lo físico, en vez del compromiso, la responsabilidad, el respeto… donde el mercado, la estética y la televisión se han convertido en nuestro nuevos valores; es precisamente ahí, donde la educación debe reflexionar. La educación no debe formar personas para saciar el apetito del mercado globalizado, ni de personas que integraran las masas como mercancía, sino formar individuos libres, capaces de saber que son ellos los dueños del marcado y no el mercado dueños de ellos, individuos comprometidos con la buena convivencia en la sociedad; pero esto será posible, solo en una educación la cual fomente los valores como garantía de la construcción de mejores personas y mejores sociedades , una educación que traspase el conocimiento tradicional, el mero ámbito intelectual, a formar individuos responsables, solidarios, con la capacidad de reconocer que todos somos parte de un colectivo y solo con los valores podemos progresar, no monetariamente, sino humanamente.
Otros de los puntos neurálgicos donde la educación debe reflexionar es sobre la inclusión. Si partimos del hecho que la educación es el instrumento perfecto para lograr sociedades más comprometidas, responsables y capases de crecer humanamente, ¿no debería la educación estar al alcance de todos? Y si como nos dice la historia, los pobres conforman la mayoría, ¿no son ellos los primordiales para una educación? Pues así debería de ser, la educación faculta de valores, de conocimientos, de deberes y de derechos a las personas, y por ende todas las personas deben tener derecho pleno a la educación sin más limitación que su propia voluntad. Sin embargo, como bien dice la historia, la educación ha estado al alcance de las clases altas, es decir, con poder monetario para constar tal privilegio. Y a pesar de los años, todavía existe una brecha entre la educación y los pobres. Tal vez todos poseemos la oportunidad de estudiar, pero no de la misma manera. Quienes tienen más, tiene una mejor educación y quienes no tienen nada, la educación le llegan como migajas. ¿Qué debemos hacer entonces para no excluir a nadie de la educación? Debemos promover la educación gratuita en nuestras leyes,  condiciones óptimas para el buen desenvolvimiento de la misma, debemos exigir cada día una educación de calidad.

De la reflexión viene la acción, eso resume el intereses de todo los antes escrito. Tenemos que ver o mejor dicho que sentir a la educación, no como algo mero académico, sino como una herramienta formadora de ciudadanos; con todas las implicaciones de ser ciudadanos. Una educación que fomente conocimiento, pero junto a estos, fomente valores para poder desarrollarnos como seres humanos, como seres sociales que somos. Saber que por encima de las condiciones y exigencia del mercado, somos seres esencialmente libres. Que somos los dueños de nuestra vida, y que con una educación que valore lo valorable, podamos vivir valorando lo que merece ser valorado. Además, para hacer de la educación como un instrumento de construcción positivo, ésta debe de estar al alcance de todos, sin discriminación alguna, para que sea un agente de cambio en una sociedad como la actual, porque como bien dijo Mandela “La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”