“Para crear lo nuevo, para crear
el provenir, hay que representárselo primero en su diferencia con el presente.
Y para eso, el único material que poseemos son nuestro recuerdos del pasado” se me antoja esta frase de Nikos Dimadis, que
hace poco leí en uno de los tantos documentos históricos que tengo, y que hoy recuerdo para escribir estas
reflexiones sobre un evento, que a la luz de las verdades dadas por el tiempo,
resulta hoy una respuesta y una inspiración para superar las tempestades que hoy
nos hunde y nos esclaviza.
Hace 25 años los Berlineses salieron a conquistar la libertad, la cual
había sido obstaculizada por un muro, que como leí en la web de Cedice “las
autoridades lo llamaban muro de protección, y otros muro de vergüenza” para edificar un mejor futuro. Cada ladrillo
caído ese día, cada golpe a ese concreto solito, representaba y aun representa
la posibilidad, bajo la esperanza, de que las cosas pueden cambiar. Escribió el
ilustre venezolano Juan German Roció
mucho tiempo antes, su magnánimo tratado político “El Triunfo de la Libertad
sobre despotismo” que nos es más que una aseveración profética o más bien, una tendencia humana irreversible
hacia la esencia que nos identifica: La Libertad. Dichas ideas de Roció, que poco los
venezolanos hemos practicado, sintetizan el triunfo de la libertad, con coraje,
ganas, sueños y unión, sobre el despotismo auspiciado por intereses esclavistas
que una día decidieron ponerle limite a la esencia humana.
El 9 de noviembre de 1989,
gracias a las televisoras internacionales, el mundo presenció el inicio del fin
de la bipolaridad mundial. Ya la abalanza no estaba en equilibrio, ese día por
fin se había inclinado… Mientras los martillos y la furia golpeaban un devenir
histórico, que no siempre define el futuro, los ciudadanos del mundo
aprendieron que somos nosotros quienes moldeamos las circunstancias y no las
circunstancias a nosotros, y que las utópicas falacias comunistas y socialistas,
que son las mismas del hoy llamado “Socialismo del siglo XXI” predicadas por un inculto de historias y un
demagogo de cuentos que no internalizó el triunfo de la libertad sobre El despotismo de aquel 9 de noviembre, habían fracasado…
No pretendo con estas escasas
líneas, elaborar más historiografía sobre ese evento, sino más bien,
reflexionar que nunca está de más, porque reflexión ha faltado mucha... 8 Años
luego de la caída del Muro de Berlín, Venezuela elegía a un presidente con los
vientos de la esperanza de cambiar lo que había que cambiar, pero no era más
que un predicador de esas ideas venenosas que años antes habían sido
derribadas. Mientras algunos llegaban a
conclusiones como que el mundo había aprendido a transitar por el camino
de la libertad, otros por “votación popular” habían vuelto a extraviarse en el
despotismo… Una advertencia de este funesto extravío fue el 5 de julio de 1999, 188 años después de la
independencia venezolana, cuando Dr. Jorge Olavarría daba un impecable y
valiente discurso, que hoy llaman profético, en el extinto Congreso Nacional
sobre los peligros que asechaban al país. En unas de sus majestuosas palabras
expresó “Si los venezolanos nos dejamos alucinar por un demagogo dotado del
talento de despertar odios y atizar atavismos de violencia, con un discurso
embriagador de denuncias de corruptelas presentes y heroicidades pasadas, el
año entrante (2000) Venezuela no va a entrar al siglo 21, se quedara en lo peor
del siglo 20 o retornara a lo peor del siglo 19”… Palabras que hoy retumban…
La
libertad emanada de la euforia hacia la destrucción de un muro, cerraba un
siglo y tal vez un milenio, de ideas profundamente democráticas pero solapadas
por el totalitarismo y algunas formas de esclavitud de la modernidad, para abrir
el camino por los senderos de la creatividad, de la posibilidad, los sueños, la
esperanza, y de lo humano del nuevo siglo. Pero como alertó el maestro
Olavarría, definitivamente Venezuela no entro al siglo XXI, sino que se quedó
atascada con las anclas que alguna vez sostuvieron el despotismo de un muro… a luz de los 25
años de esos sucesos, algunos pueblos europeos celebran la victoria del bien,
pero en otras regiones del mundo el oscurantismo aun reina. 5 años antes del desmoronamiento de la
“invencible” Unión Soviética, los demócratas del mundo pensaban que debíamos
luchar por siempre con ese mal, con ínfulas expansionistas y bases de control
(Cuba), pero no fue así. El imperio soviético se desmoronó por su putrefacción. Luego caído el muro; el mundo pensó que la libertad y la democracia se había consagrado por fin; pero no,
esas conclusiones fueron tal vez el resultado de la emoción desatada por años
de luchas y esperas. Hoy enarbolan como banderas políticas de esperanzas las
ideas que alguna vez dividieron el mundo ¿Aprendida la lección? … Sin duda este
suceso, de reflexión y lecciones, necesita estudio e indagaciones más profundas
que estas modestas líneas al fin de comprender la verdad, pero creo hoy, dadas
las circunstancias históricas, rememorar el pasado al fin de comprender el
presente y edificar el futuro, porque como dejo dicho el escritor español Jorge
Santayana “Los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla”
Danny Toro

