sábado, 16 de agosto de 2014

Un momento histórico: Hacia la conquista de la libertad

La historia ha sido impulsada y ha sido escrita en las gloriosas letras emanadas de la valentía, el coraje y la fuerza de aquellos, que a pesar del desasosiego y la intimidación, de las armas y el miedo,  han sido capaces de asumir con gallardía su deber y responsabilidad ante las gratificantes páginas de las acción humana; que con el mirar amplio a través del tiempo, nos hemos dado cuenta que solo asumiendo nuestro rol histórico, los cambios serán verdaderamente posibles.  La historia es de aquellos osados, vigorosos y audaces que emergen de las cavernas tenebrosas y sombrías de una sociedad opaca y borrosa para ofrecer el camino hacia una sociedad de fulgor, resplandor y lucidez.

Hoy Venezuela se nos ha vuelto una escena tétrica de una película triste y siniestra, donde los demagogos vociferan de poder mientras los ciudadanos se aglutinan desgarrando su dignidad y golpeando su espíritu en las asfixiantes colas para obtener un alimento. Nuestra sociedad ha tenido que sobrellevar una realidad donde la muerte, mediante los asesinatos cotidianos del hoy, ha ganado en rating a la vida. Donde la expresión cada día habla menos y donde la diferencia y el disentir es detonante de exclusión y persecución.  La libertad se nos esfumó en las manos al igual que se opacó la llama de los sueños de felicidad nacional. La libertad se nos arrebató, condenándonos sin delito alguno, a una celda de humillación, miseria y miedo.  El totalitarismo y el populismo como políticas del estado, han desvanecido la grandiosa lucha por la libertad y la democracia de nuestra larga historia. Sin embargo, si algo ha caracterizado a la idiosincrasia del venezolano; es la esencia libertaria y la convicción democrática que en momentos sombríos de nuestro andar, nos ha permitido esclarecer el camino a una sociedad consiente y unida. Han sido nuestros principios, valores y las enseñanzas de nuestros padres y abuelos  los ingredientes claves en la sabiduría común de quienes orgullosamente somos venezolanos. Algunos presumirán de sus armas y su poder pero quienes queremos a esta tierra tenemos las convicción de las ideas y la fuerza de los principios.

La dictadura militarista ha reprimido las libertades de manera brutal y agresiva. Los perdigones, las bombas lacrimógenas y  los disparos han sido la respuesta contundente a las protestas justas y necesarias. Las fuerzas de seguridad han contenido la efervescencia de la juventud y los entes de justicia sumisos al régimen han avalado con desfachatez e insolencia la mordaza contra las voces que, ante tantas arbitrariedades, han elevado su tono en pro de un sueño hacia una nación mejor. La tesis autocrática actual pretende cubrir con silencio las ideas y los pensamientos. Pretende censurar los sueños y las aspiraciones. Pero sin duda alguna, lo que no podrá esta dictadura nefasta ni ninguna otra, es destruir  el espíritu y la esencia democrática de los ciudadanos, de nuestra conciencia aprendida en las duras lecciones del tiempo.


Ante estas situaciones de extremos engorrosos; entre la opacidad de la sociedad, de las bofetadas intransigentes de la realidad hasta la inmejorable inherencia democrática y libertaria del ciudadano venezolano, del carácter perseverante y enérgico ante situaciones arduas y complejas; Lo único viable para la conquista de la libertad y la verdadera edificación de un país de topografía diversa y plural, sin cesura de pensamientos, sin divisiones funestas y sin perdigones homicidas, es asumir con responsabilidad y con conciencia éste desafío histórico que tenemos. Debemos de comprometernos con nuestro rol significativo ante el país y juntos, en sociedad organizada, mostrarle a la república una hoja de ruta para alcanzar una sociedad libre, democrática y diversa. No es tiempo de historias pasadas, la verdadera historia la estamos escribiendo hoy y ahora. Asumamos nuestro deber para con nosotros, nuestros hijos y nuestro país de redireccionar el destino de la nación, manteniendo en los segundos de duda y miedo, la visión y el sueño de una realidad posible y esperanzadora. La historia pertenece a quienes se atreven a redactarla, por lo tanto, procuremos que, dentro de 40 o 50 años, los venezolanos lean su memoria histórica en letras edificadas con el valor, el coraje y la osadía de quienes se atrevieron a luchar hoy. 

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