La historia ha sido impulsada y ha sido escrita en las
gloriosas letras emanadas de la valentía, el coraje y la fuerza de aquellos,
que a pesar del desasosiego y la intimidación, de las armas y el miedo, han sido capaces de asumir con gallardía su
deber y responsabilidad ante las gratificantes páginas de las acción humana;
que con el mirar amplio a través del tiempo, nos hemos dado cuenta que solo
asumiendo nuestro rol histórico, los cambios serán verdaderamente
posibles. La historia es de aquellos
osados, vigorosos y audaces que emergen de las cavernas tenebrosas y sombrías
de una sociedad opaca y borrosa para ofrecer el camino hacia una sociedad de
fulgor, resplandor y lucidez.
Hoy Venezuela se nos ha vuelto una escena tétrica de una
película triste y siniestra, donde los demagogos vociferan de poder mientras
los ciudadanos se aglutinan desgarrando su dignidad y golpeando su espíritu en
las asfixiantes colas para obtener un alimento. Nuestra sociedad ha tenido que
sobrellevar una realidad donde la muerte, mediante los asesinatos cotidianos
del hoy, ha ganado en rating a la vida. Donde la expresión cada día habla menos
y donde la diferencia y el disentir es detonante de exclusión y
persecución. La libertad se nos esfumó
en las manos al igual que se opacó la llama de los sueños de felicidad
nacional. La libertad se nos arrebató, condenándonos sin delito alguno, a una
celda de humillación, miseria y miedo.
El totalitarismo y el populismo como políticas del estado, han
desvanecido la grandiosa lucha por la libertad y la democracia de nuestra larga
historia. Sin embargo, si algo ha caracterizado a la idiosincrasia del
venezolano; es la esencia libertaria y la convicción democrática que en
momentos sombríos de nuestro andar, nos ha permitido esclarecer el camino a una
sociedad consiente y unida. Han sido nuestros principios, valores y las
enseñanzas de nuestros padres y abuelos los
ingredientes claves en la sabiduría común de quienes orgullosamente somos
venezolanos. Algunos presumirán de sus armas y su poder pero quienes queremos a
esta tierra tenemos las convicción de las ideas y la fuerza de los principios.
La dictadura militarista ha reprimido las libertades de
manera brutal y agresiva. Los perdigones, las bombas lacrimógenas y los disparos han sido la respuesta contundente
a las protestas justas y necesarias. Las fuerzas de seguridad han contenido la
efervescencia de la juventud y los entes de justicia sumisos al régimen han
avalado con desfachatez e insolencia la mordaza contra las voces que, ante
tantas arbitrariedades, han elevado su tono en pro de un sueño hacia una nación
mejor. La tesis autocrática actual pretende cubrir con silencio las ideas y los
pensamientos. Pretende censurar los sueños y las aspiraciones. Pero sin duda
alguna, lo que no podrá esta dictadura nefasta ni ninguna otra, es
destruir el espíritu y la esencia
democrática de los ciudadanos, de nuestra conciencia aprendida en las duras
lecciones del tiempo.
Ante estas situaciones de extremos engorrosos; entre la
opacidad de la sociedad, de las bofetadas intransigentes de la realidad hasta
la inmejorable inherencia democrática y libertaria del ciudadano venezolano,
del carácter perseverante y enérgico ante situaciones arduas y complejas; Lo
único viable para la conquista de la libertad y la verdadera edificación de un
país de topografía diversa y plural, sin cesura de pensamientos, sin divisiones
funestas y sin perdigones homicidas, es asumir con responsabilidad y con
conciencia éste desafío histórico que tenemos. Debemos de comprometernos con nuestro
rol significativo ante el país y juntos, en sociedad organizada, mostrarle a la
república una hoja de ruta para alcanzar una sociedad libre, democrática y
diversa. No es tiempo de historias pasadas, la verdadera historia la estamos
escribiendo hoy y ahora. Asumamos nuestro deber para con nosotros, nuestros
hijos y nuestro país de redireccionar el destino de la nación, manteniendo en
los segundos de duda y miedo, la visión y el sueño de una realidad posible y
esperanzadora. La historia pertenece a quienes se atreven a redactarla, por lo
tanto, procuremos que, dentro de 40 o 50 años, los venezolanos lean su memoria
histórica en letras edificadas con el valor, el coraje y la osadía de quienes
se atrevieron a luchar hoy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario