lunes, 10 de noviembre de 2014

El resultado de una opresión ¿Aprendida la lección?

“Para crear lo nuevo, para crear el provenir, hay que representárselo primero en su diferencia con el presente. Y para eso, el único material que poseemos son nuestro recuerdos del pasado”  se me antoja esta frase de Nikos Dimadis, que hace poco leí en uno de los tantos documentos históricos que tengo,  y que hoy recuerdo para escribir estas reflexiones sobre un evento, que a la luz de las verdades dadas por el tiempo, resulta hoy una respuesta y una inspiración para superar las tempestades que hoy nos hunde y nos esclaviza.

Hace 25 años los Berlineses  salieron a conquistar la libertad, la cual había sido obstaculizada por un muro, que como leí en la web de Cedice “las autoridades lo llamaban muro de protección, y otros muro de vergüenza”  para edificar un mejor futuro. Cada ladrillo caído ese día, cada golpe a ese concreto solito, representaba y aun representa la posibilidad, bajo la esperanza, de que las cosas pueden cambiar. Escribió el ilustre venezolano  Juan German Roció mucho tiempo antes, su magnánimo tratado político “El Triunfo de la Libertad sobre despotismo” que nos es más que una aseveración profética  o más bien, una tendencia humana irreversible hacia la esencia que nos identifica: La Libertad.  Dichas ideas de Roció, que poco los venezolanos hemos practicado, sintetizan el triunfo de la libertad, con coraje, ganas, sueños y unión, sobre el despotismo auspiciado por intereses esclavistas que una día decidieron ponerle limite a la esencia humana.

El 9 de noviembre de 1989, gracias a las televisoras internacionales, el mundo presenció el inicio del fin de la bipolaridad mundial. Ya la abalanza no estaba en equilibrio, ese día por fin se había inclinado… Mientras los martillos y la furia golpeaban un devenir histórico, que no siempre define el futuro, los ciudadanos del mundo aprendieron que somos nosotros quienes moldeamos las circunstancias y no las circunstancias a nosotros, y que las utópicas falacias comunistas y socialistas, que son las mismas del hoy llamado “Socialismo del siglo XXI”  predicadas por un inculto de historias y un demagogo de cuentos que no internalizó el triunfo de la libertad sobre El despotismo de aquel 9 de noviembre, habían fracasado…

No pretendo con estas escasas líneas, elaborar más historiografía sobre ese evento, sino más bien, reflexionar que nunca está de más, porque reflexión ha faltado mucha... 8 Años luego de la caída del Muro de Berlín, Venezuela elegía a un presidente con los vientos de la esperanza de cambiar lo que había que cambiar, pero no era más que un predicador de esas ideas venenosas que años antes habían sido derribadas. Mientras algunos llegaban a  conclusiones como que el mundo había aprendido a transitar por el camino de la libertad, otros por “votación popular” habían vuelto a extraviarse en el despotismo… Una advertencia de este funesto extravío fue  el 5 de julio de 1999, 188 años después de la independencia venezolana, cuando Dr. Jorge Olavarría daba un impecable y valiente discurso, que hoy llaman profético, en el extinto Congreso Nacional sobre los peligros que asechaban al país. En unas de sus majestuosas palabras expresó “Si los venezolanos nos dejamos alucinar por un demagogo dotado del talento de despertar odios y atizar atavismos de violencia, con un discurso embriagador de denuncias de corruptelas presentes y heroicidades pasadas, el año entrante (2000) Venezuela no va a entrar al siglo 21, se quedara en lo peor del siglo 20 o retornara a lo peor del siglo 19”… Palabras que hoy retumban…

  La libertad emanada de la euforia hacia la destrucción de un muro, cerraba un siglo y tal vez un milenio, de ideas profundamente democráticas pero solapadas por el totalitarismo y algunas formas de esclavitud de la modernidad, para abrir el camino por los senderos de la creatividad, de la posibilidad, los sueños, la esperanza, y de lo humano del nuevo siglo. Pero como alertó el maestro Olavarría, definitivamente Venezuela no entro al siglo XXI, sino que se quedó atascada con las anclas que alguna vez sostuvieron  el despotismo de un muro… a luz de los 25 años de esos sucesos, algunos pueblos europeos celebran la victoria del bien, pero en otras regiones del mundo el oscurantismo aun reina.   5 años antes del desmoronamiento de la “invencible” Unión Soviética, los demócratas del mundo pensaban que debíamos luchar por siempre con ese mal, con ínfulas expansionistas y bases de control (Cuba), pero no fue así. El imperio soviético se desmoronó por su putrefacción. Luego caído el muro; el mundo pensó que la libertad y la democracia se había consagrado por fin; pero no, esas conclusiones fueron tal vez el resultado de la emoción desatada por años de luchas y esperas. Hoy enarbolan como banderas políticas de esperanzas las ideas que alguna vez dividieron el mundo ¿Aprendida la lección? … Sin duda este suceso, de reflexión y lecciones, necesita estudio e indagaciones más profundas que estas modestas líneas al fin de comprender la verdad, pero creo hoy, dadas las circunstancias históricas, rememorar el pasado al fin de comprender el presente y edificar el futuro, porque como dejo dicho el escritor español Jorge Santayana “Los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla”


Danny Toro

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